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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Hemisferio sur, hemisferio norte


    Hoy en día tenemos el GPS para poder orientarnos perfectamente en campo, además de un montón de aplicaciones muy útiles que dispone para los que lo tenemos que utilizar como apoyo de trabajo. Antes del GPS se utilizaba más la brújula… pero lo que sí está claro es que debemos de tener unas nociones mínimas de orientación. Os hablo un poquito de ello.

    Por la noche, guiarnos por las estrellas es fácil. Si estamos en el hemisferio norte, tenemos la ventaja de contar con la estrella Polar, que indica siempre el norte. Esta estrella es la cola de la Osa Menor. Podemos localizarla así directamente o utilizando la Osa Mayor. Para ello tomamos la distancia que hay entre las dos estrellas frontales de la Osa Mayor y la prolongamos cuatro veces hacia Casiopea. Así se encontraría la cola de la Osa Menor, por tanto nuestra estrella Polar.

    En el hemisferio sur lo que hacemos es utilizar la Cruz del Sur y las Guardas. La Cruz del Sur es una constelación con forma de rombo y las Gurdas son un par de estrellas muy brillantes que tiene próximas. Para buscar el sur, se traza la diagonal principal del rombo que forman las cuatro estrellas de la Cruz del Sur, se busca el punto de intersección con la perpendicular trazada en el punto medio de la recta que une las dos Guardas... y ahí está el Sur.

    Hablando de la noche y los dos hemisferios, ¿sabéis que la luna en el hemisferio sur “no es mentirosa”? Cuando tiene forma de C es creciente y cuando dibuja una D es decreciente, a diferencia de lo que ocurre en el Hemisferio Norte.

    Durante el día nuestro gran aliado para orientarnos es el Sol. Sabéis que es La Tierra la que gira, pero como nuestro punto de observación está en La Tierra, nuestra sensación es que el Sol es el que se desplaza. Una vez que hemos recordado esto, pensamos que el Sol lo vemos salir por el Este y ponerse por el Oeste. Siempre, hemisferio Norte y hemisferio Sur. Somos conscientes también que los puntos por los que sale y se pone van variando a lo largo de las estaciones.

    La diferencia en el recorrido de Este a Oeste en ambos hemisferios es que en el Norte esta trayectoria la vemos por el Sur, proyectando las sombras por tanto hacia el Norte, mientras que en el hemisferio Sur vemos al Sol moverse de Este a Oeste por el Norte. En este caso las sombras se proyectan hacia el Sur. Por eso en el hemisferio Norte las calles más frías en la ciudad, las zonas de los troncos de los árboles y piedras donde sale el musgo con mayor facilidad son las que quedan al Norte, mientras que en el Sur son las orientadas al Sur.

    Esa aparente diferencial en la trayectoria vista desde los dos hemisferios, podemos expresarla de esta otra manera: en el hemisferio norte mirando hacia el sur, vemos al sol salir desde nuestra izquierda y meterse por nuestra derecha. En el hemisferio sur, mirando al sol en su trayectoria por el norte, lo vemos salir por nuestra derecha y ponerse por nuestra izquierda. Pero no os olvidéis que en ambos casos, sale por el Este y se pone siempre por el Oeste.

    Cuando amanece las sombras son largas y según transcurre el día se van acortando, hasta alcanzar su menor proyección que corresponde a mediodía, pues es cuando el sol está en su posición más alta. A partir de ahí, de nuevo las sombras comienzan a alargarse hasta la puesta de sol.

    Os propongo un juego. En un día que tengáis despajado, clavad un palo en el suelo y observad estas diferencias que os digo de la sombra a lo largo del día. Tratad de localizar el norte y sur, cuando tengáis la sombra más corta. Tomadas estas referencias en el lugar en el que vivís, a ver si al andar por la calle y con la observación de las sombras, sois capaces de saber hacia dónde se ubican los puntos cardinales.

    Y cuando salgáis al campo de noche –porque en la ciudad con las luces no es posible- ayudados de las estrellas localizáis el norte y como consecuencia el resto de los puntos cardinales. Contadme después que tal os manejáis con la orientación, tanto de día como de noche.

    Expedicionarios, una pregunta tengo para vosotros, ¿por qué al ver este árbol caído sabemos que estamos en el hemisferio Sur?


    • Hemisferio sur, hemisferio norte

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  • Diario de la caminata al Tyndall

    ¿Queréis saber cómo fue todo? Os lo narro a modo de esquema:

    - Martes 1, 18:00 h. Salimos de Punta Arenas a Puerto Natales, donde llegamos ya por la noche. Justo para cenar algo e ir a dormir. El cielo está completamente estrellado, no hay nubes que oculten estos astros. Maravillada y ensimismada contemplo las constelaciones que pueden verse en el Hemisferio Sur. Otro día os escribiré sobre esto, es muy interesante para saber orientarse en el campo.

    - Miércoles 2, 4:30 h. Nos levantamos para ponernos en ruta hasta el Parque de Torres del Paine. Allí nos dirigimos al final de una de las pistas, donde se encuentra la guardería Grey. Por el camino, todavía de noche… vemos un puma cruzar la carretera. ¡Increíble!... Es el primero que veo. ¡Es un animal impresionante! Se desliza ágil, ágil, como un… como un felino que es. ¡Majestuoso! Impone respeto. El resto del trayecto lo hago en silencio, sólo al final pregunto a Adolfo y al chófer de la DGA, “¿qué puedo hacer si me encuentro con un puma en mi recorrido?”

    - 7:00 h. Me pongo en camino. La primera hora de caminata es una especie de calentamiento. Hay que desentumecerse de venir sentada en el coche. Ando ligera y poco a poco voy echando alguna carrerita. A la hora ya me encuentro mejor, puedo aumentar mi ritmo. El tiempo me acompaña, no llueve y el sol se esconde de vez en cuando entre las nubes, evitando que me deshidrate por el calor acompañado del esfuerzo físico.

    - 10:30 h. Alcanzo la estación. Son 30 kilómetros subiendo y bajando montañas. Tengo que cruzar un río que me da un susto, casi me arrastra la corriente. Viene mucho más alto que el otro día. Ha estado lloviendo estos días y el caudal ha aumentado mucho. Descalza y sin pantalón para mantenerlo seco, no es la mejor forma de atravesar un río así de caudaloso.

    - 10:30 a 12:00 h. Estoy en la estación, “peleándome” con el ordenador y la sonda. Pruebo ciento una mil opciones… No consigo hacer conexión. No me quiero dar por vencida, pero soy consciente que es inútil seguir intentándolo. La sonda ha dejado de funcionar. Triste, desilusionada, abatida, afligida… todo el esfuerzo para nada. En mi comunicación de teléfono satelital a satelital, informo a Adolfo y el colega de la DGA, que no hay nada que hacer, que empieza mi retorno. Me animan. No pasa nada, regresamos en mayo e instalamos nuevos equipos.

    - 12:00 a 15:30 h. Recorro de nuevo los 30 kilómetros para llegar hasta el vehículo. Ahora me resultan más pesados que antes los tramos de barro debido a la lluvia de los días pasados. El agua del río que tengo que cruzar descalza la siento más fría, más fuerte, más caudalosa. El camino me parece más largo… ¡No, no!, no puede ser, no puedo permitir quedarme triste por esto. Entonces, según voy andando, empiezo a pensar las cosas positivas de la experiencia: he visto un puma en la realidad, estoy teniendo una magnifica caminata por el Parque de Torres del Paine, donde la nieve en las cotas altas ya ha empezado a caer, regresaremos en mayo e instalaremos equipos mejores y más modernos y además hay otra cosa que ya os contaré otro día, probablemente vamos a poder instalar una nueva estación en otra glaciar a otra latitud más elevada, entre ésta y la de la Antártida. Exactamente al sur de la Cordillera Darwin, en tierra de Fuego (os prometo que os hablo de esto otro día).



    ………………………………………..

    Jueves 3, 1:00 h. Ya en Punta Arenas, amigos expedicionarios os escribo este artículo para que estéis al corriente tanto de lo acontecido como de lo no acontecido, aunque no por ello deseado.
    • Diario de la caminata al Tyndall

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  • Efectos del calentamiento global

    Os dejo trabajo para un par de días. Os voy a pedir que sigáis navegando por nuestra web de GLACKMA y leáis lo que tenemos recogido en “Efectos del calentamiento global” en la pestaña del menú de “Qué investigamos”. ¿Qué conclusiones sacáis de esa lectura?



    Y una línea de trabajo más: ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros a nivel individual para aportar nuestro granito de arena y tratar de evitar este crecimiento tan acelerado del calentamiento global?

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  • De nuevo al glaciar Tyndall… pero hay que ir en una especie de maratón

    Creo que poco a poco me vais conociendo y a estas alturas os habréis dado cuenta de que no me suelo dar por vencida muy fácilmente. Desde que estuvimos en la estación nueva del Tyndall y no pudimos sacar los datos de las series de una de las sondas, mi cabeza no dejó de pensar. ¿Por qué ha dejado de funcionar este aparato? Fue instalado en el 2006 y en principio le quedarían todavía 3 ó 4 años de vida. Es verdad que puede haber ocurrido un problema, pero las condiciones meteorológicas en esta zona no son tan rudas como en las estaciones que tenemos en la Antártida o en el Ártico.

    Mi mente no quedaba tranquila, rebuscaba y rebuscaba cualquier indicio para poder encontrar una solución. Debía de tenerlo todo en mi cabeza dando vueltas, porque durmiendo de repente me desperté. Esa sonda es una de las antiguas, ahora han sacado modelos nuevos que son con los que estamos reinstalando las estaciones y dichos modelos funcionan con el mismo software, pero una versión nueva. ¿Pudiera ser que hubiera algún tipo de incompatibilidad entre la versión nueva del software y las antiguas sondas? Contacté a la empresa alemana que crea estas sondas y les planteé mi duda. No están seguros del todo, pero no descartan que hubiera algún tipo de incompatibilidad en determinados aparatos.

    Hay por tanto una pequeña probabilidad de que esté funcionando… Casi no nos queda tiempo, salimos el viernes ya a Santiago de Chile. El jueves tenemos la conferencia divulgativa aquí en Punta Arenas. Pero hay que hacer un esfuerzo e intentarlo. No queda más remedio que hacer una especie de maratón, un raid.

    Organizamos de nuevo con la gente de la DGA y coordinamos. Esta tarde nos llevan hasta Puerto Natales. Allí dormimos. Mañana tempranito nos acercan hasta la guardería Grey. Y ahí quedarán Adolfo y el conductor de la DGA con su teléfono satelital como centro base de apoyo por si ocurriera algo. Yo me llevaré nuestro satelital.



    Comenzaré a andar a las 7:00 de la mañana. No salgo antes porque los pumas cazan de noche y por la madrugada pueden estar todavía terminando su cacería. ¿Y sabéis que en el parque hay unos 50-60 pumas? Y a partir de ahí andar y correr, correr y andar, hasta que alcance mi objetivo. Es la estación nueva, así que me queda más cerca que la antigua, son sólo unos 30 kilómetros (de ida y otros tantos de vuelta, ¡claro!). Y la mochila no pesará prácticamente nada, unos 10 kilos… Así que será como ir volando. Me tiene que dar tiempo a regresar antes de que oscurezca.





    Estoy convencida de que podré hacerlo, serán unos 60 kilómetros por montaña, subiendo y bajando collados continuamente. Aprovecharé las bajadas y llanos para ir corriendo y en las subidas mantendré un paso ligero pero sin correr. Esa combinación sé que me funciona bien. ¿Sabéis que esto ya tuve que hacerlo hace cuatro años? Sí, aquí, en el mismo lugar. Y era la estación antigua, o sea 37 kilómetros, e iba con una mochila de 20 kilos.



    En aquella ocasión me tocó un tiempo muy bueno. Ahora mi preocupación es la lluvia de estos días, que va aumentando el barro en el camino y no está en condiciones tan cómodas de hacer el recorrido. Y el propio día de mañana…, espero que no me toque mucha lluvia.



    Bueno, amigos expedicionarios… a ver si os puedo transmitir mi alegría al regreso, contándoos que he podido hacer la extracción de datos y que la sonda queda funcionando perfectamente. Cruzo los dedos… ¡Ojalá el esfuerzo merezca la pena!

    Os dejo encargado que me escribáis sobre el puma. Ya sabéis, buscad la información, contrastadla y después contádmelo con vuestras propias palabras.
    • De nuevo al glaciar Tyndall… pero hay que ir en una especie de maratón
    • De nuevo al glaciar Tyndall… pero hay que ir en una especie de maratón
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  • Fundación de la ciudad de Punta Arenas. Fuerte Bulnes y Puerto del Hambre

    Hoy os voy a contar un poquito sobre la fundación de Punta Arenas. Actualmente tiene unos 150.000 habitantes y es la capital de la Región de Magallanes. Vive fundamentalmente de la minería de hidrocarburos y carbón, la ganadería ovina y la industria pesquera. Además es puerto de abastecimiento para el tráfico de barcos de gran tonelaje a través del Estrecho de Magallanes, así como principal puerto aéreo y marítimo para las expediciones a la Antártida. Como os podéis imaginar, esta última es la parte que siempre me ha atraído más de la ciudad.





    A unos 60 km de Punta Arenas hacia el Pacífico, siguiendo el Estrecho, se encuentra el llamado Fuerte Bulnes, que fue fundado en 1843 y representó el primer enclave chileno en la tierra austral. Veintitrés personas habían formado parte de aquella expedición colonizadora que quedó en el fuerte y donde permanecieron hasta que, cinco años más tarde fueron trasladados a un mejor asentamiento, más adecuado que el inicial ya que contaba con leña, agua, puerto más grande y mejor clima para enfrentarse a los entonces rigores australes. Es así como se funda en 1848 el llamado Sandy Point (Punta Arenosa), como figura en las cartas náuticas levantadas por las expediciones inglesas. Es la actual ciudad de Punta Arenas.







    Existe una reconstrucción histórica del Fuerte Bulnes, levantada en el centenario de su establecimiento, en 1943 y restaurada en 2002. Hace unos 3 ó 4 años en una espera para cruzar a la Antártida, nos acercamos a verlo. Es una forma de embeberse de la historia de la ciudad. ¡Qué buena reconstrucción!, tras un gran portalón de acceso que abre hueco entre sus muros perimetrales y aparecen todas sus dependencias, la iglesia, la cárcel… ¡todo!, me parecía estar viajando a lo largo de la historia, adentrarme en los secretos del pasado.





    Y ciertamente el lugar elegido era privilegiado para la defensa, pues sobre el acantilado rocoso del cerro Santa Ana, sobre el que está situado, contaba con una protección natural inigualable que permitía un dominio completo sobre el Estrecho de Magallanes.









    Y tan sólo a 7 km de este fuerte, en la bahía Santa María se encuentra el llamado Puerto de Hambre o ruinas de la ciudad Rey Don Felipe, que ya conocéis por vuestras investigaciones. En esta bahía, cerrada también por grandes acantilados rocosos, se fundó la ciudad Rey Don Felipe en 1584. Se construyeron casas y una iglesia para 103 colonos, soldados y religiosos.



    Pero ¿qué ocurrió? La falta de abastecimiento y los rigores de la zona acabaron con los colonos y cuando en 1587 recaló el corsario inglés Tomás Cavendish, sólo encontró un sobreviviente, un cuerpo colgando de la horca de la plaza y, en algunas viviendas, cadáveres de moradores tendidos con sus ropas. Cavendish puso el nombre de Port Famine (Puerto Hambre) a este lugar, como muy bien habíais apuntado.
    • Fundación de la ciudad de Punta Arenas. Fuerte Bulnes y Puerto del Hambre
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